martes, 27 de abril de 2010

domingo, 25 de abril de 2010

Declaración Universal de Derechos Humanos

Declaración Universal de Derechos Humanos


PREÁMBULO

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos Humanos sean protegidos por un régimen de Derecho; a fin de que el hombre no sea vea compelido la supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de nuestro de dicho compromiso;
LA ASAMBLEA GENERAL
proclama la presente
DECLARACIÓN UNIVERSAL
DE DERECHOS HUMANOS

como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2

(1)Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
(2)Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4

Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6

Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8

Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9

Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11

(1)Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

(2)Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13

(1)Toda persona tiene derecho a circular libremente y elegir su residencia en el territorio de un Estado.

(2)Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14

(1)En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

(2)Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15

(1)Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.

(2)A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 16

(1)Los hombres y mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutaran de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

(2)Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

(3)La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17

(1)Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.

(2)Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones u opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20

(1) Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
(2)Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

Artículo 21

(1)Toda persona tiene derecho a participar del gobierno de su país, directamente o por medios de representantes libremente escogidos.

(2)Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
(3)La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.

Artículo 22

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23

(1)Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

(2)Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

(3)Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana que y será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

(4)Toda persona tiene derechos a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24

Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25

(1)Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

(2)La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencias especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonios o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26

(1)Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

(2)La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de la Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

(3)Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Artículo 27

(1)Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
(2)Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Artículo 28

Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Artículo 29

(1)Toda persona tiene derecho respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

(2)En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.

(3)Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a las propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 30

Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.













martes, 13 de abril de 2010

domingo, 11 de abril de 2010

Discurso de asunción de mando de "Pepe" Mujica

Discurso de asunción de mando de José “Pepe” Mujica ante la
Asamblea General del Poder Legislativo

1/03/2010
“Señora presidenta de la Asamblea General, mi querida Lucía, legisladores y legisladoras que representan la diversidad de la Nación, presidentes y presidentas de países amigos que están con nosotros, altos funcionarios destacados para apoyar esta ceremonia, cuerpo diplomático, presidente de la Suprema Corte de Justicia, comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, señores ex –presidentes, dirigentes de los partidos políticos del Uruguay y de las principales organizaciones sociales, de las comunidades religiosas, en fin, señores y señoras. A todos los aquí presentes, gracias. Y también gracias a todos ustedes, compatriotas del alma, que nos acompañan en sus casa y en las calles.
Mis conocimientos jurídicos, extraordinariamente escasos, me impiden dilucidar cuál es el momento exacto en que dejo de ser presidente electo para transformarme en presidente a secas.
No sé si es ahora, o si es dentro de un rato, cuando reciba los símbolos del mando de manos de mi antecesor.
Por mi parte, desearía que el título de “electo” no desapareciera de mi vida de un día para el otro. Tiene la virtud de recordarme a cada rato que soy presidente sólo por la voluntad de los electores.
“Electo” me advierte que no me distraiga y recuerde que estoy mandatado para la tarea. No en vano, el otro sobrenombre de los presidentes es “mandatario”.
Primer mandatario, si se quiere, pero mandado por otros, no por sí mismos.
Con mejores palabras y más solemnidad, esto es lo que la Constitución establece.
La Constitución es un marco, una guía, un contrato, un límite que encuadra a los gobiernos. Ese es su propósito principal.
Pero es también un programa, que nos ordena cómo comportarnos, en cuestiones que tienen que ver con la esencia de la vida social.
Por ejemplo, nos manda literalmente evitar que las cárceles sean instrumentos de mortificación. O nos dice no reconocer ninguna diferencia de raza, género o color.
¡Cuánta deuda tenemos aún con la Constitución! ¡Con qué naturalidad la desobedecemos! No está de más recordarnos hoy, un día en que nos enorgullecemos de estar aplicando las reglas con todo rigor y detalle.
Pondremos todo nuestro empeño en cumplir los mandatos constitucionales. En cumplir los que aluden a la forma de organización política del país, por supuesto. Y también en cumplir los enunciados constitucionales que describen la ética social que la nación quiere darse.
Hoy es el día cero o el día uno de mi gobierno. Y para mí, gobernar empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.
Por si suena como un trabalenguas, lo repito: para mí, gobernar, empieza por crear las condiciones políticas para gobernar. Y gobernar , para generar transformaciones hacia el largo plazo, es más que nada crear las condiciones para gobernar 30 años con políticas de Estado. Me gustaría creer, que esta de hoy, es la sesión inaugural de un gobierno de 30 años.
No míos, por supuesto , ni tampoco del Frente Amplio, sino de un sistema de partidos, tan sabio y tan potente, que es capaza degenerar túneles herméticos que atraviesan las distintas presidencias de los distintos, y que por allí, por esos túneles, corren intocadas las grandes líneas estratégicas de los grandes asuntos.
Asuntos como la educación, la infraestructura, la matriz energética o la seguridad ciudadana. Esto no es una reflexión para el bronce ni para la posteridad. Es una formal declaración de intenciones.
Me estoy imaginando el proceso político que viene, como una serie de encuentros, a los que unos llevamos los tornillos y otros llevan las tuercas. Es decir, encuentros a los que todos concurrimos, con la actitud de quien está incompleto sin la otra parte.
En ese tono se va a desarrollar el próximo gobierno del Frente Amplio. Asistiendo incansablemente a las mesas de negociación con vocación de acuerdo.
Puede ser que el gobierno tenga más tornillos que nadie…más tornillos que el Partido Nacional, más que el Partido Colorado, más que los empresarios y más que los sindicatos…
¿Pero de qué nos sirven los tornillos sueltos, si son incapaces de encontrar sus piezas complementarias en la sociedad?
Vamos a buscar así el diálogo, no de buenos, ni de mansos, sino porque creemos que esta idea de la complementariedad de las piezas sociales, es la que mejor se ajusta a la realidad.
Nos parece que el diagnóstico de concertación y convergencia es más correcto que el de conflicto, y que sólo con el diagnóstico correcto, se puede encontrar el tratamiento correcto.
Miramos la radiografía y lo que vemos adentro de la sociedad, son formas convexas y cóncavas, negociando el ajuste, porque se necesitan entre sí. Entonces pensamos que sería contra natura, que los representantes políticos de esos retazos sociales, nos dedicáramos a separar y no a concertar.
En Uruguay, todos los partidos políticos son socialmente heterogéneos. Pero los partidos tienen fracciones, y las fracciones tienen acentos sociales.
Pero aún en el caso de las fracciones más específicamente representativas de sectores, el mandato de sus votantes no es el de atropellar ciegamente para conquistar territorio.
Hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque.
Queremos una vida política orientada a la concertación y a la suma, porque de verdad queremos transformar la realidad. De verdad queremos terminar con la indigencia. De verdad queremos que la gente tenga trabajo. De verdad queremos seguridad para la vida cotidiana. De verdad queremos salud y previsión social bien humanas.
Nada de esto se consigue a los gritos. Basta mirar a los países que están adelante en estas materias y se verá que la mayor parte de ellos tienen una vida política serena. Con poca épica, pocos héroes y pocos villanos.
Más bien tienen políticos que son honrados artesanos de la construcción.
Nosotros queremos transformaciones y avances de verdad. Queremos cambios de esos que se tocan con la mano, que no solo afectan las estadísticas sino la vida real de la gente.
Para lograrlo estamos convencidos de que se necesita un civilizada convivencia política.
Y no vamos a ahorrar ningún esfuerzo para lograrla.
Por supuesto, nada de esto comienza por nosotros. El país tiene hermosas tradiciones de respeto recíproco que vienen de muy atrás.
Pero es probable que nunca hayamos estado tan cerca de conseguir un cambio cualitativo en la intensidad de esos vínculos entre partidos políticos. Quizás ahora podemos pasar de la tolerancia a la colaboración, de la confrontación controlada a ciertos modos societarios de largo plazo.
Con el Frente Amplio en el gobierno, el país ha completado un ciclo. Ahora todos sabemos que los ciudadanos no le extienden cheques en blanco a ningún partido y que los votos hay que ganárselos una y otra vez en buena ley. Los ciudadanos nos han advertidos a todos que ya nos son incondicionales de ningún partido, que evalúan y auditan las gestiones, que los que hoy son protagonistas principales, mañana pueden convertirse en actores secundarios.
Después de cien años, al fin, ya no hay partidos predestinados a ganar y partidos predestinados a perder.
Esa fue la dura lección que los lemas tradicionales recibieron en los últimos años. El país les advirtió que no eran tan diferentes entre sí como pretendían, que sus prácticas y estilos se parecían demasiados y que se necesitaban nuevos jugadores, para que el sistema recuperara una saludable tensión competitiva.
Por su parte, el Frente Amplio, eterno desafiante y ahora transitorio campeón, tuvo que aceptar duras lecciones, no ya de los votantes sino de la realidad. Descubrimos que gobernar era bastante más difícil de lo que pensábamos, que los recursos fiscales son finitos y las demandas sociales infinitas, que la burocracia tiene vida propia, que la macroeconomía tiene reglas ingratas pero obligatorias. Y hasta tuvimos que aprender, con mucho dolor y con vergüenza, que no toda nuestra gente era inmune a la corrupción.
Estos últimos años han sido entonces de intenso aprendizaje para todos los actores políticos. Es probable que todos estemos ahora más maduros y por tanto listos para pasar a una etapa cualitativamente nueva en el relacionamiento de fuerzas políticas.
Cada una con su intensidad y sus énfasis ideológicos. Sin aflojarle ni a la pulseada ni al control recíproco. Pero sí ampliando dos capacidades que estamos lejos de haber llevado al máximo: la sinceridad y la valentía.
Más sinceros en nuestro discurso político, llevando lo que decimos un poco más cerca del que de verdad pensamos y un poco menos atados a lo que nos conviene.
Y más valiente para explicarle, cada uno a su propia gente, los límites de nuestras respectivas utopías. Esa sinceridad y esa valentía van a ser necesarias para llevar adelante las políticas de Estado que proyectamos.
Para ponernos de acuerdo vamos a tener que rebajar nuestras respectivas posturas y promediarlas con las otras. Y esa rebaja implica líos obligatorios con nuestras bases políticas. Ese va a ser un test de valentía.
Los temas del Estado deben ser pocos y selectos. Deben ser aquellos asuntos en los que pensamos que se juega el destino, la identidad, el rostro futuro de esta sociedad.
Sin pretensiones de verdad absoluta, hemos dicho que deberíamos empezar por cuatro asuntos: educación, energía, medio ambiente y seguridad.
Permítanme un pequeño subrayado: educación, educación, educación. Y otra vez, educación.
Los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas, como en la escuela, escribiendo cien veces: “debo ocuparme de la educación”.
Porque allí se anticipa el rostro de la sociedad que vendrá. De la educación dependen buena parte de las potencialidades productivas de un país. Pero también depende la futura aptitud de nuestra gente para la convivencia cotidiana. Y seguramente, cualquiera de los aquí presentes podría seguir agregando argumentos sobre el carácter prioritario de la educación.
Pero, lo que probablemente nadie pueda contestar con facilidad es ¿a qué cosas vamos a renunciar, para darle recursos a la educación?
¿Qué proyectos vamos a postergar, qué retribuciones vamos a negar, qué obras dejarán de hacerse? ¿Con cuántos “No” habrá que pagar el gran “Si” a la educación?
Ningún partido querrá quedar en soledad para hacerse responsable de todo ese desgaste. Tendremos que hacerlo juntos, decidirlo juntos y por supuesto, poner el pecho juntos.
Este es el significado de las políticas de estado.
Sus consecuencias no deben beneficiar ni perjudicar a ningún partido en particular.
¿Estamos dispuestos a hacerlo?
Si no lo estamos, todas nuestras declaraciones de amor por la educación, no serán más que palabrerío de discurso político.
También hemos sugerido que los temas de infraestructura de energía, sean separados de la agenda gubernamental corriente, y tratados en común por todos los partidos.
La energía es un asunto lleno de complicaciones técnicas.
Implica complejos pronósticos sobre el stock de recursos no renovables, como los hidrocarburos. Pero también implica casi adivinanzas, sobre lo que nos traerá el desarrollo tecnológico de la energía solar o de la energía eólica. E implica cálculos, de resultado todavía inciertos, sobre la conveniencia de hacer agricultura de alimentos o agricultura para producir biocombustibles.
Pero después que todos los ingenieros y todos los adivinadores del futuro den su veredicto, la política tendrá que ocuparse de las definiciones estratégicas, en temas en los que la opinión social va a estar dividida.
El más notorio de esos temas, es el uso de energía nuclear para generar electricidad.
Otro es cuanto estamos dispuestos a pagar para apoyar las energías renovables que no son económicamente rentables, incluidos los biocombustibles.
En estos temas, tan imprevisibles, el aumento de la base de sustento político no garantiza que se tomen decisiones óptimas. Pero si asegura que los rumbos elegidos no serán modificados sobre la marcha.
En materia energética no se puede avanzar en zigzag. Porque pueden pasar décadas entre el momento en que un proyecto comienza a andar y el momento en que empieza a producir.
También hemos reservado las estrategias de medio ambiente para ser tratadas en régimen de políticas de estado.
Hoy la comunidad internacional nos pide que nos pensemos a nosotros mismos como miembros de una especie cuyo hábitat está cada vez más amenazado. Hace años que el país ha incorporado una fuerte conciencia sobre el tema, ha legislado con sabiduría y ha operado con decisión y transparencia.
Pero la tensión, entre el cuidado del medio ambiente y la expansión productiva va a ir en aumento. Vamos a estar cada vez más tironeados entre las promesas de la explosión agrícola y las amenazas asociadas al uso intensivo de agroquímicos.
Para no hablar de asuntos aún más complejos como las incógnitas vinculadas a la modificación genética de las especies vegetales.
Hasta nuestras pobres vacas con sus emisiones de gases, son un enorme tema de discusión medio ambiental en el mundo.
Sobre todos estos asuntos ya empiezan a escucharse algunos tambores de guerra. Afortunadamente, de guerra conceptual, entre los partidarios de la producción rajatabla, y los preservacionitas a toda costa. El Estado deberá arbitrar y tomar las mejores decisiones.
Sean las que sean, deben tener un ancho respaldo político, para que tengan toda la legitimidad posible y puedan sostenerse en el tiempo, contra viento y marea.
Aquí de nuevo, el sistema político tendrá que ser sincero y valiente, porque para cuidar el medio ambiente habrá que renunciar a algunas promesas productivas. O al revés, para sostener la producción, habrá que rebajar la ambición de una Naturaleza intocada.
Nos jugamos mucho en todo esto. Tenemos que decidirlo entre todos. Y después, enfrentar las consecuencias entre todos.
La seguridad ciudadana, es el último tema que estamos proponiendo abordar, de inmediato, en régimen de políticas de estado. No lo incluiríamos si solo se tratara de mejorar la lucha contra una aumentada delincuencia tradicional. Creemos que no solo estamos frente a un escenario de números crecientes sino ante transformaciones cualitativas.
Ahora tenemos drogas, como la pasta base, de muy bajo costo que no solo destruyen al adicto sino que lo inducen a la violencia.
Y tenemos mafias enriquecidas, con amplia capacidad de generar corrupción en la policía. Y tenemos operadores de narcotráfico internacional, que usan el país para el tránsito, la distribución y el lavado de dinero. Aún, somos una sociedad tranquila y relativamente segura pero lo peor que podríamos hacer, es subestimar la amenaza. La sociedad ha levantado el asunto a los primeros lugares de la agenda pública y desde el sistema político tenemos que responder sin demoras y a fondo.
Educación, energía, medio ambiente y seguridad son los temas para los que debiéramos definir estrategias orientadas a largo plazo y luego, arroparlas, protegerlas del vaivén político para que puedan proyectarse en el tiempo y consumar sus efectos.
Para todo lo demás, necesitamos que la política discurra en sus formas naturales: es decir, el gobierno en el gobierno y la oposición en la oposición. Con respeto recíproco pero cada uno en su lugar. Como gobierno, nos corresponde la iniciativa para trazar el mapa de ruta.
Aquí vamos. Lo que hoy comienza, se define a sí mismo, entusiastamente, como un segundo gobierno. Ya lo dijimos en la campaña: nuestro programa se resume en dos palabras: “Más de los mismo”. En primer lugar, vamos a darle al país cinco años más de manejo profesional de la economía, para que la gente pueda trabajar tranquila e invertir tranquila.
Una macroeconomía prolija es un prerrequisito para todo lo demás. Seremos serios en la administración del gasto, serios en el manejo de los déficits, serios en la política monetaria y más que serios, perros, en la vigilancia del sistema financiero.
Permítanme decirlo de una manera provocativa: vamos a ser ortodoxos en la macroeconomía; lo que vamos a compensar largamente, siendo heterodoxos, innovadores y atrevidos, en otros aspectos.
En particular, vamos a tener un Estado activo, en el estímulo a lo que hemos llamado, el país agrointeligente.
El agro uruguayo está viviendo una revolución tecnológica empresarial, creciendo muy por encima del resto del país. Los problemas son hoy otros: la sustentabilidad del suelo, la incorporación masiva del riego como factor de producción y sobre todo de mitigación ante las frecuentes sequías. Los proyectos de fuentes de agua que involucran predios de diferentes propiedad, marcan una época y es un deber darles el máximo apoyo. Las políticas de reserva y de seguros son exigencias de la adaptación al cambio climático. La investigación, la recreación genética, la alta especialización en las ramas biológicas que nutren el trabajo agrícola de toda esta región, definible como último reservorio alimentario de la humanidad, son para nosotros el capítulo central de una especialización que hemos en llamar “el país agrointeligente”.
Queremos que la tierra nos de uno. Y a ese uno, agregarle diez de trabajo inteligente. Para al final tener un valor de once, verdadero, competitivo, exportable.
No vamos a inventar nada, vamos con humildad detrás del ejemplo de otros países pequeños, como Nueva Zelanda o Dinamarca.
Si el país fuera una ecuación, diría que la formula a integrar es agro + inteligencia + turismo + logística regional. Y punto.
Esta, es nuestra gran ilusión. A mi juicio, la única gran ilusión disponible para el país.
Por eso, no vamos a esperar de brazos cruzados que nos la traiga el destino o el mercado. Vamos a salir a buscarla con decisión. Pero también con seriedad.
Apoyando solo aquellas actividades, que una vez maduras, tengan verdadera chance de subsistir por sí mismas. No queremos repetir errores del pasado.
En particular no queremos que nos vuelva a pasar lo que ocurrió entre los años 50 y 70, cuando la sociedad desperdició enormes recursos, en la quimera de industrias imposibles.
Ya una vez quisimos ser autárquicos, y producirlo todo fronteras adentro. Nos fue mal, muy mal. Sería criminal no aprender de aquellos dolores y volver a una economía enjaulada y cerrada al mundo.
Y si vamos a ser proactivos en ciertas dimensiones de la economía productiva, vamos a ser el doble de proactivos en la búsqueda de una mayor equidad social.
¡Eso sí, que no vamos a esperarlo sentados!
Ahí sí, que no tenemos paciencia para esperar que la prosperidad resuelva sola las cosas.
Tal como hizo el gobierno que termina, vamos a llevar el gasto social a los máximos posibles. Y vamos a sostener y profundizar los múltiples programas solidarios emprendidos en los últimos cinco años.
Ya bajamos la indigencia a la mitad, pero aún queda un 2% de la población en esa situación. El objetivo es terminar con esta vergüenza nacional, y que hasta el último de los habitantes del país, tenga sus necesidades básicas satisfechas, en los términos definidos por las Naciones Unidas. Pero con saciar las necesidades básicas no hacemos nada.
Hoy, y después de años de prosperidad y de esfuerzo solidario, uno de cada cinco uruguayos, sigue en condiciones de pobreza.
Aun así al país como conjunto le sigue yendo bien, estamos amenazados en convertirnos en una sociedad que avanza a dos velocidades: unos recogen los frutos de un crecimiento acelerado, otros -por retraso cultural y marginación- apenas lo contemplan. No es justo, pero además es peligroso, porque no queremos un país que se luzca en las estadísticas sino un país que sea bueno para vivir. Y no será bueno, si la prosperidad y el bienestar de una familia, se tiene que disfrutar con muros o alambres de púas. De nuevo, para enfrentar la pobreza, la educación es la gran fuente de esperanzas. La escuela y sus maestros, son el ariete principal que hemos de usar para integrar a aquellos a los que las penurias dejaron al costado. El combate a la pobreza dura tiene mucho de acción formativa en la niñez y la adolescencia. A la cabeza de todas las prioridades va a estar la masificación de las escuelas de tiempo completo, seguida por el fortalecimiento de la Universidad del Trabajo y el sostén de esa maravilla que es el Plan Ceibal. Ya tenemos una computadora por niño y por maestro.
Ahora vamos por una computadora por adolescente y por profesor. Y por conexión a Internet en todos los hogares.
Si la educación es la vacuna contra la pobreza del futuro, la vivienda es el remedio urgente para la pobreza de hoy.
En primera instancia desplegaremos un abanico de iniciativas solidarias con la vivienda carenciada dentro y fuera de los recursos presupuestales.
Apelaremos al esfuerzo social. Vamos a demostrar que la sociedad tiene otras reservas de solidaridad que no están en el Estado.
Me niego al escepticismo, sé que todos podemos hacer algo por los demás y que lo vamos a demostrar. Van a ver, van a aparecer materiales, dinero, cabezas profesionales y brazos generosos. Les apuesto que sí. No quiero olvidarme de nuestros pobres de uniforme.
Las Fuerzas Armadas, llenas de pobres, van a ser parte del Plan de Emergencia Habitacional y vamos a movernos rápido para aliviar en algo la penuria salarial que las aflige.
El pasado no es excusa para que hoy no nos demos cuenta que una patria de todos incluye a estos soldados.
Nuestro reconocimiento para aquellos compatriotas militares que sirven en Haití y han demostrado una admirable entereza y eficiencia solidaria.
En estos años, el Uruguay ha cambiado mucho, y nadie discute que ha cambiado para bien.
Allí están los números económicos y sociales, de todos los colores.
Pero hay un cambio menos visible, imposible de cuantificar, pero a mi juicio de gran importancia: el cambio en la autoestima, el cambio en la manera que nos percibimos a nosotros mismos y a los horizontes posibles. Nuestros modestos éxitos nos han hecho más ambiciosos y más inconformistas. ¡Bienvenido inconformismo!
¡Bienvenido el cuestionamiento de viejas certezas!
Y en esta línea: ¡Bienvenido el profundo cuestionamiento del estado uruguayo!
Del estado hacia adentro, como estructura, como organización, como prestador de servicios. El Uruguay se mantuvo al margen de los vientos privatizadores de los años 90. Es más, la sociedad recibió propuestas, las consideró y las rechazó explícitamente.
Estuvimos entre los abanderados de ese rechazo y no nos arrepentimos. Pero el respaldo de los ciudadanos, fue a un modo de propiedad social, no a un modo de gestión de la cosa pública y menos, a sus resultados.
Es probable que aquellos eventos y estas confusiones, hayan postergado demasiado la discusión franca sobre el Estado, sobre los recursos que consume y sobre la calidad de los servicios que presta. Hoy una revisación profunda es impostergable.
Necesitamos evaluaciones serias, imparciales y profundas. Necesitamos números y comparaciones. Y con todo eso a la vista, tenemos que rediseñar el Estado.
Todos sabemos que puede ser más eficiente y más barato.
Esta reforma no va a ser en contra de los funcionarios sino con los funcionarios.
Pero tampoco vale hacerse el distraído: el 80 % de la eficacia del estado se juega en el desempeño de los funcionarios públicos.
La sociedad uruguaya ha sido benévola con algunos de sus servidores públicos y casi cruel con otros. Ha permitido que funciones sencillas que no requieren esfuerzos ni preparación, se paguen en algunas oficinas 10 veces más de lo que recibe quien realiza un trabajo imprescindible y duro, como un policía o un maestro rural.
Cuando estas asimetrías duran un tiempo, pueden considerarse errores o desaciertos. Cuando duran décadas, más bien parecen ser manifestaciones de una sociedad que se va volviendo cínica.
Del mismo modo la sociedad uruguaya ha protegido a sus servidores públicos mucho más que a sus trabajadores privados. Recordemos que en la crisis del año 2002 y 2003, casi 200 mil personas perdieron su trabajo y ninguna fue un funcionario público. Se estima que otras 200 mil sufrieron rebajas en sus salarios y todos fueron trabajadores privados.
Como bien ha dicho el presidente Tabaré Vazquez, esta es la madre de todas las reformas. No deberíamos permitir que esa madre nos siga esperando.
¿En qué mundo vivimos? No está fácil de saber. Me gustaría preguntárselo, a cada uno de los ilustres visitantes que están aquí. Aunque sin duda tienen “mucho mundo”, me atrevería a decir que no van a poder darme una respuesta simple.
¿Verdad que no? El mundo está cambiando a cada rato.
Y lo que es peor, a cada rato está cambiando la teoría de cómo se construye un mundo mejor.
Todavía no acabamos de padecer las consecuencias de la crisis planetaria con que nos obsequió el sistema financiero en la cumbre del mundo.
Descubrimos que habían creado un universo de burbuja y de casino. Pero que desde allí no solo se jugaba a la ruleta sino que se podía golpear al mundo productivo real.
Durante la crisis para rescatar lo que quedaba en pie, se rompieron dogmas que parecían sagrados, se decretó la muerte de los paradigmas vigentes y se volvió a la política como a un refugio de esperanza.
Hoy ante los desafíos no previsibles de la realidad casi todos pensamos que ningún camino puede descartarse a priori, ninguna experiencia desconocerse, ninguna fórmula archivarse para siempre. Sólo el dogmatismo quedó sepultado.
No está fácil navegar. Las brújulas ya no están seguras de donde quedan los puntos cardinales. Así que mirando las estrellas nos quedan algunas pocas certezas para orientarnos. Primero que en el mundo ya no hay un centro sino varios y que la globalización es un hecho irreversible. Por todos lados los humanos anudamos nuestro destino y nos hacemos mutuamente dependientes. La idea de cerrarse al mundo quedó obsoleta.
Pero a su vez, el proteccionismo sigue vivito y coleando, y a menudo es protagonizado por unidades de tamaño continental.
Los latinoamericanos, un poco a los tumbos, estamos intentando construir mercados más grandes. ¡Pero cómo nos cuesta! Somos una familia balcanizada, que quiere juntarse pero no puede. Hicimos tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la Patria Grande. Por lo menos hasta ahora. No perderemos la esperanza, porque aún están vivos los sentimientos: desde el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación latinoamericana. Dentro de nuestro hogar latinoamericano tenemos un dormitorio que compartimos y que se llama Mercosur.
¡Ay Mercosur! ¡Cuánto amor y cuánto enojo nos suscita!
Hoy estamos en público y no es el momento de hablar de los temas de alcoba.
Solo déjenme afirmar que para nosotros el Mercosur es “hasta que la muerte nos separe” y que esperamos una actitud recíproca de nuestros socios mayores.
Finalmente, deseamos que el Bicentenario nos encuentre con un Río de la Plata más angosto, despejados todos los caminos que nos unen.
He reservado para el final la más grata de todas las tareas: saludar la presencia de quienes han vendió a acompañarnos desde el exterior, especialmente de aquellos que han venido desde muy lejos, casi inesperadamente.
Años atrás hubiéramos considerado estas visitas como un valioso gesto diplomático, una cortesía de país a país.
Creo que en los últimos tiempos, estas presencias tienen un significado mucho más intenso y mucho más político. Siento que al estar aquí, ustedes expresan el respaldo a los procesos democráticos de renovación del poder. Se hacen testigos de la celebración.
Ya sabíamos del afecto pero nos gusta más sentirlo en la presencia física de todos ustedes. Sentirlo cara a cara. Y también corresponderlo cara a cara.
Esto es así para el afecto entre la gente y para el afecto entre los países. Quererse de cerca debería estar recomendado en las academias de diplomacia.
Así que, amigos del mundo aquí presentes, reciban el agradecimiento del Uruguay entero. Sepan que no solo estamos honrados por su presencia, también estamos contentos de tenerlos aquí y hasta diría que un poco conmovidos.
Para terminar, déjenme llegar al borde la exageración y decir que este gobierno que empieza, no lo ganamos sino que lo heredamos.
Porque la principal razón de mi llegada a la presidencia, es el éxito logrado por el primer gobierno del Frente Amplio, encabezado por el Doctor Tabaré Vazquez.
El y sus equipos han hecho un gran trabajo: les digo muchas gracias en nombre de tres millones de uruguayos. Nosotros vamos a seguir por el mismo camino, construyendo una patria para todos y con todos. Muchas gracias.”

sábado, 10 de abril de 2010

Caída de Saigón

El próximo 30 de abril se cumplen 35 años de la caída de Saigón, esto marcó el fin de la guerra de Vietnam, por lo menos desde el punto de vista occidental, como casi todos saben, la victoria fue para el ejercito norvietnamita (NVA) y la guerrilla Vietminh (o Vietcong), y el gran derrotado fue Estados Unidos. Aquella guerra que para los vencedores era una guerra contra el imperialismo, y para los perdedores era contra el comunismo, dejó muchisimos muertos y heridos, y lecciones muy duras tanto para los bandos beligerantes como para el mundo.
Entre las tantas lecciones que hubieron está la de como llevar adelante una guerra asimétrica, el Vietcong se convirtió en la pesadilla de los soldados americanos, la guerra de guerrilla fue perfectamente planificada por un general Giap que comenzó con quince hombres y terminó con un ejercito de diez millones, Giap es hoy uno de los grandes dentro de la historia militar; también está aquella lección que nos dice Sunt Zu: la guerra es un concurso moral y se gana primero en los templos antes que en las batallas, o sea para ir a la guerra debes convencer a tu sociedad de que es moralmente correcto hacerla, en este sentido quedó claro que para la sociedad norteamericana aquella lejana guerra (TV de por medio, en este caso el templo de Sunt Zu ) era algo inmoral y que quemar aldeas campesinas a miles de kilometros en nada favorecía a la lucha contra el comunismo, en aquella época Vietnam del Norte supo sacar provecho a esta debilidad, a tal punto que el final de la guerra con todos sus muertos y todas sus batallas solo sobrevino cuando Vietnam del norte logró la victoria en el frente político, en un revés de lo que asegura Clausewitz (la guerra es la continuación de la política) la política fue el final categórico de la guerra; otra lección fue la alta tecnología puesta en práctica en esta guerra, Westmoreland, comandante en jefe norteamericano, fue el gran perdedor de esta guerra, fue quien desarrollo la estrategia de los combates y ha sido acusado de no tener jamás la iniciativa en combate, de no entender un combate de guerra de guerrillas, lo cual en buena medida es cierto, para algunos Westmoreland se planteaba la guerra como un juego de ajedréz, cuando el general Giap la veía como un juego de go, una estrategia de control de posiciones contra una de control de terreno, a pesar de que todo esto es cierto no se puede negar que Westmoreland hizo su aporte a la guerra del futuro, fue él quien ideó la puesta en práctica del helicóptero como punta de lanza para las acciones en el campo de batalla, pieza fundamental de cualquier ejército en combate hoy en día, también bajo su mando se usaron por primera vez las bombas dirigidas por laser (aquellas que en la guerra del Golfo CNN las pasaba a cada rato), Westmoreland fue un perdedor pero algunas de sus ideas fueron buenas. Otra gran lección de esta guerra fue que un grande podía ser derrotado por un pequeño, lo cual es verdad, pero muy pocos han aprendido muy bien esta lección, muchos de los intentos revolucionarios de África y algunos de América del Sur se basaron en el Vietcong, pero los resultados no fueron buenos, estas guerrillas se olvidaron de la lección de Sunt Zu y nunca lograron convencer a sus pueblos de las bondades morales de sus respectivas campañas, la sociedad vietnamita triunfó contra Goliat porque dicha sociedad era un bloque monolítico moldeado en ideas más longevas que el comunismo, como lo eran las del confucionismo, los vietnamitas podían tragarse periódos de cincuenta años en pos de sus victorias (la guerra duro treinta) y este tipo de compromiso generacional es algo que la cultura occidental no lo sabe aplicar con efectividad (basta ver la disención en cuanto a posturas de cuidado de medio ambiente), uno de los pocos que aprendió esta lección fue Afganistán, que venció a la otrora Unión Soviética con tácticas del Vietcong, lo que vino despues es otra historia.
La guerra de Vietnam fue sangienta, pero también un ejemplo para muchos pueblos oprimidos. Fue así que un 30 de abril de 1975 los hermanos dejaron de matarse despues de treinta años de lucha.
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